España consiguio ante la República Checa una victoria clave y una diferencia de puntos tan amplia, que le abre las puertas de la segunda fase del torneo olímpico de baloncesto.
La selección española se a puesto atope. Ahora está plenamente integrada en el campeonato y todos los mecanismos funcionan. Ha entrado en competición. Por intensidad, por concentración, por serenidad y por el instinto para medir los biorritmos. El proceso ha discurrido con el único sobresalto de la primera jornada frente a China, producto de una mala primera parte, aunque las chicas de Evaristo Pérez ya empezaron a corregir el rumbo en el segundo periodo del choque. Rozaron una remontada frustrada por poco, pero asimilaron la lección.
España y la República Checa estaban poniendo en discusión un asunto tan crucial como el pase a la segunda fase y la proyección dentro del grupo. Para estar en las posiciones de arriba ambos conjuntos necesitaban ganar. Y parece que, últimamente, la selección femenina se ha acostumbrado a tumbar a las checas cada vez que se les cruzan por el camino. La fase de preparación para los Juegos ha registrado tres victorias españolas sobre el equipo del técnico Igor Grudin, un botín nada despreciable frente a una de las selecciones de mayor peso mundial en el baloncesto de mujeres. Cuatro medallas en los cuatro últimos campeonatos avalan al combinado nacional. Así se movió España contra las centroeuropeas, como un combinado puntero.
