Primer aviso para España. La victoria de España ante los anfitriones fue agónica, tras ir detras la mayor parte del encuentro. Impecable la mentalidad con la que China afrontó el partido. Siguen los jugadores asiáticos sin tener una pulida técnica individual ni poseer claros algunos conceptos de juego, pero todo lo anterior lo minimizan con un extraordinario trabajo defensivo, una gran moral, un buen tiro exterior y la aportación de figuras como Yao Ming, Liu Wei y Zhu.
No jugó España un partido como nos suele demostrar. La agresividad china les descentró de forma evidente, lo que provocó un montón de pelotas perdidas y una falta clara de ideas en ataque. Ninguno de los bases españoles se hizo con el ritmo del partido y sus pares los superaron con facilidad. Parecía como si les españoles no se emplearan a fondo en comparación con el huracán que eran sus rivales.
El partido transcurrió con mucho contactos, permitidos por los árbitros, cosa que favoreció a los jugadores chinos, que se movían con enorme soltura en este escenario.
Pero llegó el último cuarto del encuentro. La selección española se encomendó a la épica y a su defensa. De la mano de Ricky, Rudy y Pau ahogaron, atenazaron y desquiciaron a la seleccion china, que pecaron de conservadurismo y de un cierto vértigo a la victoria. Lo que parecía imposible se alcanzó por un cambio radical de concentración y ganas. Algo que se había echado en falta durante los primeros 30 minutos.
La victoria y la locura final no deben enmascarar el discreto partido español. Hay que mejorar los problemas que están teniendo los bases para marcar el ritmo del encuentro y generar juego, así como las ausencias de jugadores importantes en estos dos primeros partidos del torneo. Esto no ha hecho más que empezar.
